
Aquí, en el Barracón, vivimos ocho personas, las que ves en la foto. Parecemos amigos, pero somos también un grupo de filólogos. Nos gusta opinar de una manera profesional y personal sobre el mundo que nos rodea y, en especial, sobre nuestro campo.
Escribimos para descubrir las curiosidades de lo cotidiano, porque ¿qué hay más cotidiano que las palabras que usamos todos los días? Son ellas las que nos descubren otras formas de expresarnos y de entender por qué lo hacemos de una manera u otra.
También escribimos para dibujar el paisaje de la lengua y la creación literaria. Escribimos para cultivar nuestra humanidad en el mundo de la máquina y la matemática. Escribimos para demostrar que aún queda algo que decir. Que las humanidades no son el destino del mediocre de la clase, demostrarle que su camino es también valioso. Escribimos para que sepa que una cabeza en palabras está bien estructurada y no se puede juzgar sólo por números. Escribimos para que nos lean.
Escribimos, sobre todo, para que alguien más se monte en nuestro barco.

