Una vida llena de absurdo

Sí, es posible que muchas veces hayas podido pensar, estimado lector, que tu vida ha tenido varias épocas, personas o situaciones de lo más absurdas, pero, en este caso, hay una persona que lo ha pensado mucho más que tú y que yo, el reconocido autor francés Albert Camus. No entraré en disputa sobre la pronunciación de su apellido, debate aparte.

En este caso, uno de los máximos exponentes del existencialismo nos traslada su filosofía más pura a través de un ensayo, uno bastante técnico e incluso difícil de entender en algunas partes para lectores más casuales. Su lenguaje especializado y lleno de referencias a otros filósofos como Kierkegaard, Schopenhauer o Husserl nos puede sacar un poco del mensaje, pero es más fácil de lo que parece y para que podamos comprenderlo mejor nos pone un título reconocible sobre el que estructura su comparación, un mito nada más y nada menos.

Aunque trata más asuntos como los muros absurdos, el suicidio filosófico o la libertad absurda, me gustaría centrarme en el mito de Sísifo (metáfora en la que confluye todo y que da título al libro). Para los que anden un poco verdes en mitología griega, se trata de uno de los castigos más pesados y absurdos de los que poder hablar. Este conocido rey de Corinto consiguió engañar a los dioses y encadenar a la muerte para evitar que la gente falleciese (motivo común en las obras de Camus), pero esta afrenta no sentó nada bien en el Olimpo. Zeus le condenó a cargar con una enorme piedra y subir una colina.

A priori, no parece una ardua tarea para un héroe tan grande, pero el castigo cuenta con un cruel matiz, en el momento en que parece conseguir subir tan pesada roca, esta cae sin remedio obligándole a repetir esta absurda labor por toda la eternidad.

Camus nos expone, a través de esta peculiar historia, al hombre absurdo, ese que no busca un sentido o un glorioso propósito a la vida, sino que entiende el sinsentido de la misma, por lo que tratar de comprenderla y buscar una finalidad sería en vano. Comprende que las situaciones carentes de sentido, como la de Sísifo, son comunes en nuestra vida, incluso muchas de ellas buscadas a propósito por nosotros mismos (el trabajo casi siempre), y que por ende tenemos que aprender a vivir con ellas.

Esto nos deja una única cuestión relevante para el autor, el juicio de valor sobre si merece o no la pena sumirse y vivir en esta red de absurdo.

En este punto cada uno puede tener su propia opinión sobre tan sustancial y antiguo debate, pero lo que Camus nos suscita es una de las mayores reflexiones de su ensayo, una bastante esperanzadora, la idea de imaginarse a un Sísifo feliz. La verdad es que nos puede costar bastante pensar tal cosa, su castigo sería insoportable para cualquiera, pero el hecho de aceptar el absurdo de su tarea y de su vida es lo que le permite poder ser feliz mientras baja de nuevo la colina a por su roca. No busca entender el sentido de su condena sino que es consciente de su destino y acepta su futuro con un espíritu indomable que hace perder valor al castigo y mantiene su rebeldía viva.

Claro está que esto no significa que haya que vivir como un borrego y soportar cualquier imposición sin cuestionar, sino que hay que aprender a fluir, como diríamos algunos ahora. Una enseñanza difícil de llevar a cabo muchas veces, pero que una vez entendida, nos permite vivir, según Camus, una vida llena de absurdo, pero feliz.