El saber adaptarse

¿Quién no ha querido llevar a la gran pantalla su libro favorito? Convertir a un personaje literario en una persona normal con la que nos podemos sentir más identificados. Las adaptaciones literarias están a la orden del día y cada vez son más libros que se llevan a las plataformas digitales o al cine. La literatura juvenil, sobre todo de romance, no se queda atrás y es uno de los géneros que más películas y series están produciendo. En septiembre se estrenarán unas 6, todas ellas en plataformas digitales como Prime Video o Netflix. Pero, ¿a qué se debe este fenómeno?

Las redes sociales tienen mucho que ver en este auge. Los creadores de contenido de booktok promueven la lectura de estas obras literarias. Asimismo, las editoriales y las productoras han sabido aprovechar la realidad en la que vivimos: cada vez menos personas leen y más prefieren ver series o películas desde casa. Entonces, ¿por qué no adaptar ciertos libros para que los espectadores se interesen y así quieran leerlos? Es un negocio con el que todos salen ganando: los lectores consiguen ver a sus personajes favoritos en la pantalla; las productoras se lucran por las reproducciones; y las editoriales se benefician de la fama de las adaptaciones publicando varias ediciones especiales basadas en la versión audiovisual.

Con esto parece que el mundo de las adaptaciones literarias es un mundo feliz en el que todos los involucrados salen ganando, pero desgraciadamente no es así. A causa de la repentina fama de ciertos libros los lectores comienzan ‘guerras’ entre sí para ver quién es más fanático o qué personaje es mejor o peor. Pero si lo llevamos al formato audiovisual, esta avalancha de odio y comentarios negativos recaen, mayoritariamente en los actores y en los guionistas. “Esto no pasa en el libro”, “¿Por qué han quitado esta escena?”, “El protagonista es rubio, no castaño”… son algunas de las críticas más usadas por los lectores cuando descubren a los actores o cuando ven la película.

Como se dijo en el podcast Irse de la lengua es muy difícil ser completamente fiel a un libro si queremos adaptarlo, porque estamos trasladando una historia en formato escrito a un formato audiovisual. Al mismo tiempo, es una adaptación por lo que la historia puede variar manteniendo su esencia, y también puede añadir o eliminar ciertas escenas para ajustarse a nuestra realidad. Un ejemplo es la serie de Off Campus que se estrenó en abril de este año, pero los libros se publicaron en 2015. En esa época el amor tóxico estaba bien visto en la ficción y estaba de moda, teniendo en casi todos los libros de romance e incluso, en películas, un amor moralmente cuestionable. Por lo que este libro no fue la excepción. Sin embargo, en la serie los guionistas decidieron que los protagonistas tuvieran un amor más sano, modificando una escena: en el libro cuando los protagonistas rompen, el chico, Garret, decide poner una ley, aprovechando que es popular en la universidad, que prohíbe que cualquier hombre se acerque a Hannah, su interés amoroso; pero en la serie sí que está presente esta ley, pero Garret no la impuso, sino que fue todo un malentendido. Esta escena fue criticada porque ciertos lectores sí querían que fuese fiel al libro.

Por otro lado, otro aspecto muy polémico son los actores. A la hora de leer un libro, cada uno se imagina a los personajes de una manera a pesar de que son descritos. Gracias a las redes sociales, los lectores han sido capaces de atribuir un personaje literario a una persona real por el parecido entre los mismos, lo que provoca una imagen colectiva. Por desgracia, en la mayoría de los casos estas personas son estadounidenses, sin tener en cuenta el lugar o los años en donde se desarrolla la historia. Esto provoca que a la hora de elegir actores, no coincidan con el imaginario colectivo, y, por tanto, se les juzguen por no parecerse a los personajes. Un ejemplo es la saga de Los chicos de Tommen que tendrá una serie (cuya fecha no está confirmada), pero ya han revelado a los actores. La historia de esta saga sucede en Irlanda a finales de los años 90 y principios de los 2000, por lo que la imagen sacada de redes sociales, es decir, una versión moderna y americana, no coincide con el aspecto de los actores, por lo que han sido muy criticados.

Hay una cuestión que se tiene que tener en cuenta como lector a la hora de ver una adaptación literaria: el aspecto físico de los actores no es tan importante, lo que sí es importante es que sepan actuar bien. Muchas productoras prefieren coger a personas guapas o que sean más fieles a las descripciones del autor, a pesar de que no consigan transmitir la esencia del personaje, que a actores que hagan bien su trabajo aunque no sean iguales que en los libros.

Por ello, tenemos que tener en cuenta, a la hora de ver una versión audiovisual, que no va a ser completamente fiel a la obra y no por ello es una mala versión. Hay que empezar a disfrutarlas y a no estar comparándolas continuamente con los libros, porque es ahí donde comienzas a aburrirte tachándola de lo peor, cuando, si se ve con otros ojos, no sería así. Una buena adaptación no requiere que sea una copia exacta del libro ni que los actores sean lo más parecido a los personajes, sino que logre transmitir las mismas emociones que el autor consiguió provocar en los lectores.