Oímos el apellido y todo el mundo mira al mismo sitio. Alguno quiere hacerse el erudito, recitar de memoria versos, otros quizás rememoran la vieja canción de Serrat. Hay algunos que, incluso, traen al recuerdo la vieja guerra civil que nos asoló hace noventa años y de la que este apellido fue doble víctima. Sin embargo, les dices que no, que hablas del hermano, de Manuel. «Anda, ¿el que era de derechas?», o «¿Pero ese no era fascista?». Y empezamos mal.
No, señores, don Manuel Machado no debe ser recordado como «el hermano de derechas» de los Machado. Mucho menos debe recordarse como una pluma inferior, si bien es meritísima la fama y el reconocimiento literario que se hace a Antonio Machado. Desde luego que Antonio es quien porta mayor prestigio literario y encontramos en él una voz propia que no para de evolucionar, pero la cuestión es que abordar la obra de Manuel desde estos prejuicios es faltar a la historia de la literatura.
Para comenzar, deberíamos atender al contexto en el que se desarrolla su obra e historia. Hablamos del año 1874 para remontarnos a su nacimiento en nada más y nada menos que un palacio, el Palacio de las Dueñas (Sevilla). Ilustrado junto a su hermano en la Institución Libre de Enseñanza, forjó un pensamiento ajeno a los dogmas, como indica la escuela, algo independiente del poder y propio. Bien, esto es fundamental, no hablamos ya de la típica educación religiosa de los jesuitas de finales del siglo XIX, y esto, créanme, importa. Yendo más allá, encontramos su nombre en una larga lista de intelectuales fundadores de una asociación que luchaba por defender una causa social, comprometida con su tiempo y altamente politizada. ¿De qué asociación se trata? Pues nada más y nada menos que la fundada en el año 1933, la Asociación de Amigos de la Unión Soviética. Claro que esto no va a salir en las noticias y se ha borrado de la memoria pública hasta el punto de que ahora es recordado como el «hermano facha» de los Machado, el que genuinamente escribía con voluntad sonetos a Franco. Pero si así fuese no tendría gran sentido que unamos ese adjetivo a uno de los fundadores de la Asociación de Amigos de la Unión Soviética, o por lo menos yo lo veo incongruente.
Resulta que no fue un cable torcido lo que dio el giro de Manuel Machado en su compromiso político. Podríamos argüir que fueron las retorcidas ideas de los radicales que no podían aceptar otro pensamiento de su hermano. Si bien su cambio político viene dado de antes –un giro hacia el liberalismo–, la decisión final se forja a mediados de julio del año 1936. Por estas fechas, Manuel se encontraba visitando a su cuñada, una monja que, sorpresa, vivía en un convento de Burgos.
Manuel y su esposa se alojaron en la pensión Filomena, en la actual calle Aparicio y Ruiz de Burgos, muy cercana al paseo de la Isla. Esto fue el día 15 de julio de 1936 y todos sabemos lo que ocurrió apenas dos días y cómo respondieron los militares de Burgos. En un momento todo cambia. Tras estallar la guerra fue detenido en la prisión de Burgos, donde compartió celda con algunas otras ilustres figuras artísticas como el músico Antonio José Martínez Palacios. Por suerte para Machado, sus amistades consiguieron sacarlo de la prisión a tiempo. Él logró correr una mejor suerte que el músico. Aquí empieza un fuerte giro en sus posiciones políticas, pero ¿quién no lo pegaría? Desde luego que la fría prisión de Burgos en el año 36 y la posibilidad de que te lleven de paseo en cualquier momento no parecen ninguna tontería. Tal es el caso, que en el año 39 llega a dedicar al dictador resultante de la guerra el soneto «Francisco Franco». De ahí en adelante, Manuel pasa a ser una figura afín al régimen. No le culpo, habría que verse en su situación y tomar la decisión pertinente. En cualquier caso y lo que es una realidad es que juzgar la obra de tamaño poeta por sus ideas políticas es el verdadero error de la situación y el panorama español. Si el criterio para definir el valor artístico es el ideario político, malo si es de derechas y bueno si es de izquierdas, y viceversa; tenemos un problema.

Porque Manuel Machado fue un destacado poeta modernista, desde sus inicios hasta su fin. La diferencia con su hermano es que Antonio parte desde el modernismo y va evolucionando constantemente con su obra, compone una obra en marcha. Manuel fue fiel a sus primeras características, marcado por un potentísimo simbolismo en su obra. Cuida el ritmo, el lenguaje, en ocasiones, preciosista. Vemos una fuerte presencia del culturalismo, lleno de referencias a otras artes plásticas, así como una gran presencia de Andalucía. Cante hondo, Sevilla y otros poemas y una gran cantidad de referencias al folklore andaluz, junto con coplas, seguidillas, romances y soleares; se alzan como un centro en su obra dejando su Andalucía natal en alto. Y esta es la historia de un poeta que empezó su andadura en la poesía como modernista y murió como uno de los modernistas más destacables de la historia de las letras españolas. A pesar de que sus ideas políticas no siguieran el mismo recorrido. A pesar de que se quiera polarizar todo.


