Como es posible que duela tanto, si era lo que quería. No sé, pero siento un vacío, me siento triste ¿por qué? Yo elegí irme, elegí dejarlo, era lo que quería, ¿no? Recuerdo los momentos allí, cuando todo iba bien, cuando éramos felices, cuando reíamos, pero ¿qué pasó? Cómo cambiamos las risas por los suspiros, las lágrimas de alegría por enfados, el querer quedarme al querer irme. Porque eso es lo que quiero. No quiero estar aquí y no quiero volver, pero ¿por qué estoy triste? ¿por qué duele?
El luto supongo, eso que no ha muerto nadie, simplemente lo he dejado. No estaba bien ahí, pero aquí tampoco. Los veo a ellos y siento envidia. Quiero volver a esos momentos donde había ilusión, donde había ganas, pero ahora solo queda cansancio y amargura. Quiero ser ellos, se ven felices, aunque tarde o temprano descubrirán la verdad. Sabrán lo oculto, lo oscuro, lo que atormenta, o por lo menos, debería.
Cuando lo descubrí, todo cambió. Ese fue el momento en el que dejé de sentirme a gusto ahí, cuando comencé a sentirme aislada por las personas que consideraba amigas ¿Dónde están? ¿Cuándo se fueron? Ya no era conocida, era olvidada, no me querían ahí por no reírles las gracias, pero ¿cómo podía hacerlo? Si cada año cambiaban según sus nuevos amigos, si hablaban mal del otro para seguir arriba en el podio. Yo no quería eso. Esta fue la razón por la que me fui. Ya no compartía gustos, ahora les odiaba.
Fue incómodo el periodo de decir que lo iba a dejar hasta que finalmente lo dejé. Pero era lo que ansiaba. Quería salir de ahí, de la toxicidad, de los falsos amigos y de la popularidad. Pero, ¿por qué duele? Será que ellos me vieron crecer, me vieron madurar y una parte de mí siempre será suya.
Por esta razón escribo estas palabras, como un adiós definitivo, para por fin dejarlo, para por fin soltarlo.
Gracias por tanto y te perdono por todo.


