Lo que sí que da risa
es llamar pollo a la gallina.
Turuleca ante esto se queda tiesa.
¿No sería en todo caso polla? – Piensa.
“La gallina Turuleca ha puesto un huevo,
ha puesto dos, ha puesto tres…”
Lo que Turuleca no sabe es
que en la granja y en la mesa
no se las ve de la misma manera.
Ahí va ella ¡qué gallina!
con sus tres crías encima.
Se juntan con las demás en el corral,
¡ya está el gallo cantando por detrás!
Bolitas amarillas corretean, juegan,
creen que vuelan.
¡Qué bonitos mis hijitos! – Piensan las mamás gallinas.
Pero los pollitos, en verdad, son pollitas
y en un tiempo serán gallinas.
Y adobadas y gorditas
acabarán un día
en un plato de tu cocina.
Ahí es cuando se convierten en pollos las gallinas.


